Marco Marchioni: “Las consultas y el Twitter no resuelven la falta de democracia interna de los partidos”

Conversamos con Marco Marchioni, referencia internacional del trabajo comunitario. Sus reflexiones son parada obligada para cualquiera que pretenda adentrarse en los entresijos de los procesos sociales. En estos tiempos en los que todo el mundo quiere apuntarse el tanto de la participación, nos ayuda a distinguir el grano de la paja, el postureo de la democracia real. Crítico con la gestión de la crisis, lamenta el triunfo del neoliberalismo, que consiguió hacer creer a la mayoría que de la precariedad se sale individualmente. “Una comunidad con sectores de marginación y exclusión es una comunidad enferma”, sentencia.

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prostitución, debate abierto

El trabajo sexual es el eterno debate pendiente en el seno del feminismo, probablemente porque tiene el desafortunado poder de dividir al movimiento en defensa de la igualdad de género. Tanto es así, que muchas organizaciones canarias ni siquiera han consensuado su posición interna. Hace unas semanas, Francia se sumaba a los países de la Unión Europea con legislación abolicionista y en Gran Canaria se presentaba la Plataforma Abolicionista de las Islas, que ve en la prostitución una forma de esclavitud, aferrándose a la defensa de los derechos humanos. Otros sectores feministas cuestionan la eficacia de estas propuestas, que tachan de paternalistas y que, alertan, podrían empeorar las condiciones laborales de las mujeres.

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Montessori, educar a personas autónomas y críticas

La filosofía de la polifacética María Montessori pervive en las escuelas canarias un siglo después de su aparición. Algunos centros se han especializado en sus metodologías, útiles también en el trabajo con personas mayores, para combatir el deterioro derivado de las demencias severas. La Escuela Montessori Gran Canaria abrió sus puertas hace apenas cinco años y ahora comienza a extender sus enseñanzas a etapas superiores. La Escuela Montessori de El Toscal, en Santa Cruz de Tenerife, la de El Mae , es un símbolo de las pedagogías alternativas en Canarias, nacida en los años 60 con marcado espíritu disidente a las enseñanzas del Régimen.

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días estrábicos

Desde el 20D hemos asistido al espectáculo estrábico de la política estatal, actores que enfocan un ojo a posibles pactos y con el otro acechan la previsible repetición de elecciones. Así no hay manera, ya lo cantaba Silvio Rodríguez.

Mantenerse en el eslogan, marcar la diferencia de posiciones para contentar al electorado es incompatible con negociar. Para alcanzar acuerdos siempre hay que ceder, recortar pretensiones o, al menos, temporalizarlas, flexibilizar los plazos. Si las partes mantienen la tensión de la cuerda, acaba rompiéndose.

Rajoy juega al zorro. Es muy del PP esa táctica. Lanza la piedra y aguarda en la grada a que los demás se desgasten. En Canarias les va muy bien: dice que el Estado no cobrará el IGTE y se queda en la banda, sonriente, viendo como se pelean por el reparto. En un primer momento, el presidente en funciones esperaba el fracaso de las negociaciones de los llamados progresistas para volver a la escena cual salvador de la patria. Pasados los meses, el queme de sus contrincantes ha sido tal que al PP lo que realmente le conviene ahora es una nueva convocatoria electoral. Sacaría mejores resultados, aunque no por méritos propios, sino por harakiris ajenos.

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cambios

Después de unos meses en el Parlamento, vuelvo a la vida real. Las cuadrículas de las instituciones y las verticalidades de los partidos no están hechas para indisciplinados librepensandores y, lo peor, son capaces de castrar toda creatividad. Bonito estuvo, aunque me habría bastado con menos.

Así que vuelvo al trabajo social y a contar lo que veo en CanariasAHORA.com. También preparo isleterxs.com, un proyecto de periodismo de proximidad en mi barrio natal, La Isleta, en Gran Canaria.

Mientras, recopilo informaciones de colectivos sociales y formaciones ciudadanas en insulario.org, y otras cosas que invento y para las que rasco algo de tiempo.

En las calles nos veremos.

El ascensor del Parlamento

ascensor

Si tuviera que elegir un rincón del Parlamento, no tendría dudas, me quedaba con un ascensor. Cualquiera de los tres, da igual. Que suba o baje, da lo mismo.

Sí, lo admito, en un primer momento me cautivaron los pasillos. Y no precisamente por las alfombras y los cuadros, ni siquiera los pisos de mármol o madera. No fue una atracción arquitectónica ni un delirio esteta. Los pasillos tienen su aquel por el efecto metamorfósico que ejercen sobre los personajes. No es broma. Me explico.

En el hemiciclo mandan las formas. Está todo calculado, se sobreactúa. Como en cualquier teatro, hay primeros y segundos actores. También tramoyistas, muchos tramoyistas. Están quienes leen lo que vaya usted a saber les escribió, intentando poner énfasis en las palabras que les subrayaron, y las que apenas llevan un esquema para no perder el hilo más de la cuenta, con plena confianza en su verborrea y gestualidad. Nadie escapa a las exigencias del guión, cada cual en su papel, desde el buenrollista al opositor, pasando por las elásticas caderas de quienes tienen que driblar los intereses de sus socios locales para cascarle a sus enemigos estatales. Puro teatro.

En las bancadas se mantiene el ritual. Al menos en las primeras horas de cada sesión, hay quienes siguen histriónicos los discursos, manifestando sus apoyos o rechazos con expresiones de máscaras chinescas. Por supuesto, no faltan los bostezos, chateos y rumores.

Pero cuando sus señorías salen al pasillo, todo cambia. Quienes se lanzaban dardos, intercambian chistes, hasta comparten cafés, almuerzos y otras complicidades. ¿Qué quieren que les diga? A mí me defraudó profundamente, iluso de mí, confiado en que creían en lo que decían, que ejercían las 24 horas, pero no. Como ver al Coyote de cañas con el Correcaminos. Un fiasco.

Fue por eso que me decanté por el ascensor. Ahí no valen las poses. En las distancias cortas es donde, también sus señorías, se la juegan. Coincidir en unos pocos metros cuadrados con representantes de distintas formaciones da lugar a las sonrisas más forzadas y a los dialectos más codificados. Desarrolla la creatividad al parlamentario más espeso.

Hay momentos de ascensor que no tienen precio: Se abren las puertas, aparecen “los podemitas” y se le congela la sonrisa a los del tripartito que viajaban dentro. Metafórico, ¿a que sí?

El trayecto de ascensor es también un excelente medidor de educación, ni informe PISA ni porras. Y es que el colegio de pago no garantiza -muchas veces al contrario- un “buenos días” ni el formal “hay que ver como está el tiempo”. Ya se sabe, entran en la escuela pero la escuela no entra en ellos.

Por si aún no les he convencido de las excelencias de mi rincón favorito del Parlamento, añadiré que en uno de estos cubículos dorados, aunque no lo crean, caben 30 años de historia autonómica de Canarias. Doy fe. Con motivo de la apertura de la legislatura vi como transportaba en un solo viaje a Olarte, Hermoso y Saavedra. Que no es poco.

@archipielagico